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(FOTO CORTESIA DEL GRUPO DE JOVENS DE LORETO)


Miembros del grupo Jóvenes para Cristo participan en la Caminata por la Vida en San Francisco.




 
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Novato: Jóvenes Adultos para Cristo cambia vidas
June 20th, 2013
By Araceli Martínez


Carlos Benítez buscaba algo pero no sabía qué, así que cuando escuchó en la misa dominical que iba a ver un retiro espiritual se animó a ir y ahí fue cuando su vida comenzó a cambiar.


“Me ayudó a sacar un pasado que dejé en mi país. Un pasado de malos hábitos, drogas y alcohol al punto de la muerte”, dice Carlos Benítez, un inmigrante mexicano.


Después de ese retiro de iniciación que duró un fin de semana, Carlos fue a un retiro de crecimiento y luego se unió al grupo Jóvenes Adultos para Cristo en la parroquia Nuestra Señora de Loreto en Novato.


Tanto se involucró que desde hace dos años, es el coordinador de este grupo de evangelización de jóvenes que está abierto para muchachos de los 15 años hasta adultos mayores.


“A mí me ha traído mucha sanación interior participar en Jóvenes Adultos para Cristo, y también veo contenta a mi familia, a mis tres hijos”, revela Carlos. Cada viernes a las 7 de la tarde en la parroquia Nuestra Señora de Loreto, los miembros de esta comunidad tienen una cita.


“Nos reunimos para escuchar la palabra de Dios pero también tenemos pláticas sobre diferentes temas sociales como sexualidad, depresión, migración, pornografía y otros que son dados por sacerdotes, religiosas y especialistas”. Y explica que tienen todo un plan de formación espiritual por tres años.


“Primero los invitamos al retiro de iniciación, y después al de crecimiento y al grupo. Al final se quedan los que más lo sienten y tienen deseos de participar. Muchos no pueden porque tienen dos o tres trabajos y no les queda tiempo”, observa Carlos Benítez.


En California, Los Jóvenes para Cristo nacieron como una reunión para el estudio de la Biblia en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad de El Monte al sur del estado. Los fundadores en 1978 fueron Carlos Ramírez y Benjamín Campos.


Con el tiempo formaron el Ministerio de Evangelización, y alimentados con el estudio y la oración llevaron a cabo el primer retiro en 1981 en el Seminario Domínguez (Domínguez Hills) en la Arquidiócesis de Los Ángeles. Posteriormente el grupo se fue multiplicando a otras parroquias de Anaheim, y San Bernardino.


El grupo de El Monte tomó el nombre de Jóvenes para Cristo que le dio Santos Flores, fundador de la segunda comunidad de Jóvenes para Cristo creada en Anaheim.


Fueron los mismos jóvenes que vivieron la experiencia del retiro quienes invitaban a otros y el grupo se fue multiplicando. Así que un ministerio que comenzó como parroquial se convirtió en algo que abrazaba más parroquias, se hizo arquidiocesano, interdiocesano, nacional e internacional.


Carlos Benítez dice que en el Norte de California hay al menos 14 grupos. En la diócesis de San Francisco funcionan dos grupos más en la Parroquia San Francisco de Asís en East Palo Alto, en San Mateo, y la parroquia de Misión de San Rafael Arcángel en Marín.


Julio Ordoñez tiene seis años y medio que pertenece al grupo Jóvenes para Cristo. “Primero no tenía ningún interés. Yo estaba metido en pandillas, alcohol y otros vicios. En México desde muy chiquito, a los 13 ó 14 años me desaparecía de mi casa, y me iba a vivir con amigos a la calle. Hasta robaba”, confiesa.


Todo eso cambió para Julio cuando fue al retiro de iniciación. “Me llevaron con engaños pero estando ahí reflexioné en todo lo que le hice pasar a mis papás. Al salir, dejé las drogas, el alcohol incluso el cigarro. Y hasta mi manera de hablar cambió, y empecé a respetarme”, cuenta.


A partir de ese retiro, Julio de 23 años se integró también al coro de la parroquia, tocando la guitarra, y hasta se hizo coordinador del grupo de canto.


“Lo que puedo decir a otros jóvenes para que se animen a venir a los Jóvenes para Cristo y asistir a los retiros es que van a vivir su juventud con Dios. Hoy me siento una persona de bien, tranquilo, a gusto conmigo mismo”, dice este joven quien está comprometido para casarse.


María Elena Rodríguez lleva casi seis años en el grupo Jóvenes para Cristo y habla de su participación con pasión y vehemencia.


“Yo escuché que iba a ver un retiro y dije creo que quiero ir, sentí curiosidad. Y al estar ahí encontré al Cristo que mi madre y padre me habían inculcado. Me sentí tan cerca de él, entendí que Jesús, que Dios me ama y que me estaba haciendo un llamado para servirle”, expresa con emoción.


Así fue como María Elena, casada y madre de cuatro hijos se hizo miembro activo de Jóvenes para Cristo. “Desde entonces, me siento más fuerte. Tengo paz en mi corazón porque he aprendido también a conocerme más a mí misma”, platica.


Esta apasionada inmigrante mexicana comprometida con su iglesia y su parroquia, dice que los católicos deberían darse la oportunidad de conocer su religión asistiendo a uno de los retiros de iniciación que se ofrecen en Nuestra Señora de Loreto.


“Yo tuve en ese retiro las mejores vacaciones de mi vida. Uno llega tímido, perdido, pero con el transcurso de las horas, ese fin de semana, se le empieza a notar a uno la alegría, la seguridad. Yo les aseguro que si van, van a encontrar algo: sobre todo la fuerza que se necesita para vivir en este mundo”.


Los Jóvenes Adultos para Cristo se reúnen todos los viernes a las 7 de la tarde en Nuestra Señora de Loreto en Novato.

 

 






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